NADIE NOS ENSEÑA A SER PADRES.

02.01.2015 14:36
¿Cuántas veces no hemos perdido los nervios con nuestros pequeños y nos hemos sentido mal?, ¿Cuántas veces no nos hemos sentido cansad@s, ellos estaban más cansados que nosotr@s y ha terminado en un tira y afloja?, ¿Cuántas veces no nos hemos castigado a nosotr@s mismos por nuestra actitud ante la rebeldía de nuestros hijos?.


Todos, de un modo u otro nos sentimos identificados con estas preguntas. Todos en un momento u otro hemos perdido los papeles y hemos levantado la voz.
El cansancio de un largo día de trabajo, la situación de un familiar enfermo que nos preocupa, el momento en el que vemos que no llegamos al cole a tiempo, que el coche no arranca, el atasco a primera hora en la carretera… En fin, hay mil situaciones por las que hemos podido elevar la voz cuando nuestros pequeños se han puesto “pesados”. 

Hace meses me propuse no gritar a mi hijo, parecía que había nacido con un pito en la garganta y que el niño era sordo. 
El niño es muy parecido a mí cuando era pequeña, rebelde, respondón, cabezota y no admite un no como respuesta, no pedir perdón es su máxima en rebeldía, siempre tiene que tener la última palabra y eso me desesperaba. 
Todas estas situaciones y alguna más podían con mi paciencia y la ponían al límite, pero un día me paré a pensar, solo tiene cuatro años y si mi madre lo consiguió conmigo, yo puedo conseguirlo con él. Así que me hice el propósito, además, recordé las palabras de una amiga que me decía, discutir con un niño es sinónimo de hacer un nudo en una cuerda, él tira hacía un lado, tú hacía el otro y al final, el nudo no hay quién lo deshaga, es mejor razonar y explicar.
Qué razón tenía mi amiga. Pensaba en cuando yo era niña, en cómo me sentía cuando no quería hacer algo, en lo que “disfrutaba” haciendo de rabiar a mi madre para llamar su atención… ¿Recordáis esos momentos?, ¿Ahora es más fácil ponerse en la piel de los más pequeños?, seguro que sí.

Obviamente todos los animales aprenden de los errores de sus antecesores y por esa razón las razas van avanzando, nosotros los humanos no podemos ser menos, debemos saber cuál es el error que cometieron nuestros padres y no repetirlos con nuestros hijos,  tendremos otros pero aprenderemos de ellos y nuestros hijos también, eso es el aprendizaje y eso es la vida. 

Todos tenemos derecho a perder los papeles en un momento dado, pero eso no justifica el grito o el azote, debemos contar hasta 10, dar media vuelva respirar hondo y volver, salir a la ventana a tomar el aire o incluso, ¿por qué no?, pedir ayuda… Viendo estas situaciones en nuestra mente seguro que pensamos que es imposible, pero no hay nada imposible. 

Sí, es cierto que debemos seguir unos horarios y por eso muchas veces pensaremos que no nos da tiempo a hacer algo y que si le obligamos a hacer lo que debe llegaremos donde queremos o donde debemos, no nos engañemos, no siempre es así, si les obligamos se pondrán más cabezotas, tardaremos menos si razonamos y jugamos con ellos, un “¿quieres que te ayude?”, “a ver qué mayor es mi chic@”, “¡pero si sabes hacerlo tú sol@!”, "me gusta ese ombligo, si te quitas la camisa seguro que puedo verlo ¿me lo enseñas?" (en caso de querer que se cambie de ropa), "me ha contado un pajarito que sabes hacer... (lo que quieres que haga), ¿es verdad?", frases positivas serán las que nos ayuden en ese momento y que estimulen al pequeño.


Si un día cena más tarde o si un día se ducha más tarde, o recoge más tarde o no recoge directamente (recogerá más tarde, si no gritamos) no hay problema, son extras, no es la normativa del día a día. Si un día no quiere comer porque no le gusta, que no coma, no pasa nada, con más hambre vendrá luego, si deja los juguetes tirados lo que puede pasar es que se queden ahí, nadie nos los va a quitar, ya los quitará él/ella, no tengamos prisa… El caso es darnos cuenta de que muchas veces las prisas de nuestro día a día es lo que hace que perdamos el control y ellos lo notan, si no comen, tendrán una consecuencia, eso sí, pensar bien la consecuencia porque luego, ¡habrá que cumplirla!.


Llevaba tres días para planchar, la montonera de ropa no cabía en una sola silla, ¿y qué?, mi hijo quería jugar conmigo, ya plancharía, al igual me ha pasado en alguna otra ocasión que veía que no llegábamos al cole, al médico, a casa de alguien con quien habíamos quedado... Obvio es que hay que poner normas y límites, el horario a cumplir es una de las normas pero, ¿qué pasa si un día llegamos tarde?, nada, no se hunde el mundo, todo seguirá igual. ¿No quieres desayunar?, ¡tienes que desayunar!, sino, tendrá consecuencias tu acto. (Igual a la hora de hacer deberes, recoger los juguetes y mil cosas más).
Creo que debemos enseñarles que todo acto tiene consecuencias y con ello aprenderán. No debemos imponer un “castigo” y luego levantarlo, sino, no servirá de nada en su aprendizaje.

Mamás, papás, todos estamos en el mismo barco y aunque escuchemos a algún padre decir que no dio nunca un grito a su hijo o nunca le dio un azote, no lo creáis, somos humanos y todos, absolutamente todos, cometemos los mismo errores, así que, vamos a aprender de ello, a no dejarnos llevar por el estrés diario (aunque haya veces que cueste), vamos a pensar que si un día llegamos más tarde no pasa nada, aunque ellos tendrán su “castigo”, (consecuencia), si un día dice que no quiere comer o desayunar, vestirse, recoger, tampoco pasará nada, siempre claro está, que esta situación no se alargue en el tiempo. Una situación que se alargue en el tiempo, ya sea alimentación o cualquier otra, debemos observarla.


Vamos a hacer entre todos un mundo mejor y una generación mejor, que aprendan a pedir perdón, (mi hijo ya lo hace cuando sabe que me enfadé porque se portó mal), vamos a enseñarles que es bonito ayudar a los demás, vamos a enseñarles que hay límites en la vida, porque la vida se los pondrá más adelante, vamos a enseñarles que son buenos aunque puedan ser unos revoltosos, vamos a hablarles con frases positivas, a agarrar sus manitas, a mirarlos a los ojos y a decirles todos los días lo mucho que los queremos, porque sí, porque no hace falta un momento especial para arrancar un sentimiento, vamos a abrazarlos y a que sepan que aunque no se porten bien, siempre estaremos ahí, vamos a construir un mundo mejor y una generación mejor… 
Y si un día perdemos los papeles, empecemos de nuevo, no seremos peores padres por eso, todos tenemos defectos y tenemos derecho a rectificar.